Una vela sabe que necesita oxígeno para conseguir su combustión. De ese oxígeno nos enamoramos, y a cada mínimo extracto de cera que se derrite creemos que es amor, aunque el amor, realmente, sea cuando la vela se haya derretido por completo, y ya no existirá ceniza en nuestros ojos porque la sombra de los besos alumbran más que el televisor.
Nos intentamos convencer de que lo hemos visto, lo hemos sentido, que nos ha iluminado, pero no había luz, ni hay, para verlo y comprobarlo.
Nos intentamos convencer de que lo hemos visto, lo hemos sentido, que nos ha iluminado, pero no había luz, ni hay, para verlo y comprobarlo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario