domingo, 18 de abril de 2010
La persistencia de la memoria
He perdido esa porción de vida que me pertenecía al escurrir los días en un coladero de inquietud, y la sorpesa fue la mía, al ver, que los momentos lo traspasaban y ningún hecho relevante permanecía. Ya no siento la respiración del viento como la sentía, si es que la sentí o fue un espejismo de mi memoria. Y con él se ha ido la calma, la brisa, las caricias que dejaban heridas; ahora, la vida se resume en una arruga de la sábana cuando yo, iluso, esperaba encontrarme dos. Pero aún me queda esa caja que me dieron por mi nacimiento con el aviso de que sólo la usara en el último intento. La destapo, y aparece: una sonrisa.
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Improvisado
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